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viernes, 19 de octubre de 2007

Las posturas del coito más orgásmicas

¿Te ha preocupado alguna vez no conseguir llegar al orgasmo con la penetración?, ¿cuántas veces has pensado que te pasa algo raro porque masturbándote consigues llegar hasta las estrellas mientras que en el coito te quedas hundida en la miseria?

Son preguntas frecuentes, porque se da la circunstancia de que en el coito las mujeres tienen dificultades naturales para alcanzar el orgasmo. Lo que siempre fue una de las bases del mito de que a las mujeres les “cuesta” llegar, o son lentas para conseguir el orgasmo. Cosa que no es cierta.

No depende del tamaño

La razón principal por la que el coito no es la actividad sexual que mejor garantiza el orgasmo femenino viene de que la simple incursión del pene en la vagina, si bien proporciona sensaciones agradables y excitantes a la mujer, no es suficiente para conducirla al orgasmo.

Y eso, hay estudios que lo demuestran, no depende del tamaño del pene, ni del juego que sepa darle su portador, ni de lo que él sea capaz de “aguantar” sin eyacular, ni de la extensión de los llamados preliminares.

Los orgasmos femeninos se desencadenan por estimulación del clítoris. Por tanto, cualquier postura para practicar el coito que facilite su estímulo simultaneo resultará orgásmica. Pero si no produce ese estímulo, resultará ineficaz.

Por muy elaborada que resulte la postura, por muy cálida que sea desde el punto de vista emocional, por mucho tiempo que se demore el hombre en eyacular..., si el clítoris no es adecuadamente estimulado el orgasmo brillará por su ausencia para la chica y habrá mucha irritación (no sólo vaginal) y frustración.

Y no todas las posturas del coito facilitan el orgasmo femenino; porque no todas permiten desde un punto de vista meramente anatómico estimular el clítoris a la vez. Es así de sencillo. No hay que buscar más complicaciones.

Como aumentar la satisfacción sexual

En principio, no es malo desear deleitarse con el sexo cuanto más mejor. Sin embargo, conviene no olvidar que, a veces, ponemos el listón del goce sexual deseado y esperado tan alto que olvidamos disfrutar de lo bueno que ya tenemos.

La vida ajetreada sin apenas reposo, la rutina y el aburrimiento son los grandes enemigos del placer. Y en los tiempos que corren, no resulta fácil sustraerse a uno o a todos esos factores de aplanamiento del goce sexual. Hay quien fantasea con incrementar el placer sexual a base de química, es decir, de afrodisíacos.

Pero, en contra de lo que suele creerse, los afrodisíacos no existen realmente, sólo están en nuestra cabeza. La responsabilidad de nuestro placer no está fuera sino en nosotros mismos. Y hay que peleárselo.

El incremento del placer pasa, más bien, por la tranquilidad, la disponibilidad de tiempo para dedicárselo a una misma y a la pareja, la innovación y, aunque parezca contradictorio y en contra de lo que muchos creen, la planificación.

El sexo espontáneo puede resultar delicioso, sobre todo después de algún tiempo de privación sexual. En cambio, dejar que las cosas surjan por sí solas, en el desquiciado mundo que vivimos, es darle demasiadas posibilidades a que no sucedan.

Para incrementar el placer sexual no hay más que P.E.D.I.R.:

  • Preparar el terreno
  • Estimular los cinco sentidos
  • Disponer de tiempo y tranquilidad
  • Innovar
  • Reír

    Preparar el terreno

  • Significa disponer un espacio para conseguir un encuentro diferente al habitual.
  • No se trata sólo de buscar hacerlo en lugares distintos al dormitorio, sino de buscar un lugar diferente como un hotel, un viaje o, más a mano, preparar una buena mesa, con velas y una comida especial, con música.
  • Un terreno especial y diferente a lo habitual.

    Estimular los cinco sentidos

    En esa mesa pueden estimularse el gusto (comida, productos diversos extendidos por el cuerpo para añadir alicientes...), el olfato (en la propia mesa, una fragancia corporal...), la vista (lucir lencería sexy, ver una película romántica, erótica o abiertamente pornográfica, “actuar” para el otro y ofrecerle un espectáculo excitante...), el oído (música, palabras bonitas u obscenas, según las preferencias y el momento, lectura de un texto subido de tono...) y, muy importante, el tacto (acariciarse por todo el cuerpo desnudo en todas partes excepto en los pezones y genitales para despertar la sensualidad).
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